
He de confesarles que soy un gran aficionado a la música y que, en mi juventud, acudía, siempre que las circunstancias me lo permitían, a festivales. Ahora las circunstancias tienen nombre y apellidos, que son los de mis hijos y, por tanto, ya si que no puedo ir a este tipo de eventos.
Como imaginarán, esta pasión la transmito sin querer a mis hijos quienes, a menudo, me preguntan por la ingente colección de discos que tengo en casa. Y me gusta revisar con ellos las portadas, explicarles a qué suena tal o cual disco, etcétera.
Por todo esto me ha sorprendido la iniciativa que últimamente están llevando a cabo diferentes festivales que tratan de acercar sus contenidos a los más pequeños.
Si no recuerdo mal, el primero en hacerlo fue el festival barcelonés Sónar, especializado en sonidos electrónicos, quien creó el Sónar Kids, un espacio en el que, como digo, plantean actividades para que los niños y niñas aprendan a pinchar o intereactúen con diferentes géneros musicales.
Asimismo, durante este mes de septiembre, el festival Ebrovision también llevará a cabo una iniciativa parecida, destinando un espacio de las actividades paralelas del festival a esta labor pedagógico-musical.
En definitiva, me parecen muy plausibles este tipo de ideas realizadas para fomentar el buen gusto en los más pequeños, haciéndolo de forma que les resulte atractivo mediante juegos y planteamientos lúdicos.
Sería muy positivo que otras disciplinas se fijaran en éstas cara a acercar sus creaciones a los niños y niñas; los museos, las bibliotecas… A buen seguro que muchos lo hacen. Tienen que pensar que, al fin y al cabo, los que son niños ahora en un futuro serán consumidores de estos productos y que si, como en mi caso, acaban convirtiéndose en apasionados de una materia concreta, seguro que acabarán transmitiendo a su descendencia esta pasión.
Evidentemente, que esto se dé, parte, como en muchos otros casos, desde casa. Es decir, si en casa se lee, se escucha música o se palpa un importante amor por el arte, nuestros hijos e hijas, a buen seguro, también acabarán haciéndolo.
Si se consigue ésto, estaremos logrando crear generaciones más cultivadas, inquietas, críticas y, por tanto, menos acomodaticias. Y, visto lo visto, hacen mucha falta.
