El divorcio y los niños/as (2º parte)

El cómo se lo tomen los hijos/as dependerá de algunos factores, entre los cuales está la edad o las características personales de los mismos . También dependerá de lo conflictiva que haya sido la relación de pareja y de cómo han terminado.

Habrá casos en que los niños estén deseando que se dé la separación y, por el contrario, otros en que de noche los crios crucen sus dedos para que la separación no se produzca. Depende de cada caso.

Al margen de estas consideraciones u otras, hay aspectos importantes que es conveniente tenerlos en cuanta en todas las situaciones de este tipo. Vayamos a señalar algunas:

  • La separación es una decisión entre adultos. Quienes se separan son el marido y la mujer, no el padre y la madre. Hay que tenerlo claro y trasmitirlo así a la progenie. No es una separación p/materno-filial, sino conyugal.
  • La culpa de dicha decisión nunca será de los niños. En ocasiones, los niños/as así lo creen. Piensan que los padres se han enfadado por algo malo que hayan hecho ellos y así se llenan de personamientos culposos, lejanos a la realidad. Hay que trasmitirles que la responsabilidad es exclusivamente del padre y la madre
  • Es conveniente hacerles ver que papa y mama se siguen queriendo, aunque sea como amigos. Este extremo, en ocasiones esta muy lejos de ser cierto, ante lo cual no recomendamos fingir, ni mentir, ya que así lo único que logramos es que se sientan abandonados y engañados, a su vez. Pierden confianza en su padre y su madre.

El concepto de la amistad, por otro,  es importante para los prepuberes, ya que todavía no han llegado a conocer el sentimiento de enamoramiento, sobre la cual se sustentan las relaciones de pareja. Para un adolescente resulta más familiar la distinción entre amor de pareja y amistad.

  • Importante, también, no trasmitir la idea de que el amor es una ficción o algo que se acaba rompiendo inevitablemente. El adolescente necesita creer en el universo de sus sentimientos y un golpe de este calibre puede hacerle retumbar los sus aún precarios cimientos emocionales.
  • Saber pedir disculpas y hacerles ver que la decisión no es motivada por un deseo perverso de “amargarles la vida”, sino por una incapacidad entre el padre y la madre, para seguir viviendo juntos de forma feliz.
  • Reafirmarnos en la idea de que nunca nos perderán como padre y madre, que siempre estaremos AHÍ, aunque de una manera distinta a la que nos tendremos que irnos adaptando, poco a poco.
  • Cuidado con utilizar a los crios/as como confidentes de nuestras disconformidades y frustraciones tras la separación, ni como oyentes de nuestras críticas a la otra parte. No queramos alejarlos del otro o la otra (según sea el caso). Necsitan a papa y mama, por igual.
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